Comisión Científica del Pacífico

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La Comisión Científica del Pacífico fue la principal empresa científica ultramarina de la España isabelina.

En la primavera de 1862 el Ministerio de Fomento decidió agregar un equipo de naturalistas a una escuadrilla naval que un gobierno dirigido por el general O'Donnell envió a tierras americanas en el marco de una política panhispanista.

Tras un arduo proceso de selección, el grupo de viajeros naturalistas estuvo formado por seis profesores vinculados al Museo de Ciencias Naturales de Madrid (tres zoólogos, un geólogo, un botánico y un antropólogo) y dos ayudantes: un taxidermista y un dibujante-fotógrafo. Su misión era formar colecciones científicas que enriqueciesen los fondos de los museos españoles y contribuir a desarrollar el programa de aclimatación de animales y vegetales exóticos que fuesen útiles a la economía española, puesto en marcha a mediados de la década de 1850 por Mariano de la Paz Graells , uno de los organizadores de la expedición.

Tanto en los inicios como en el desarrollo de su expedición, los integrantes de la Comisión sufrieron contrariedades y contratiempos de diversa índole. Debido a esas razones solo cuatro de los ocho comisionados -los zoólogos Martínez y Jiménez de la Espada, el antropólogo Almagro y el botánico Isern - emprendieron lo que ellos mismos denominaron el "gran viaje". Atravesaron entonces, entre 1864 y 1865, el continente sudamericano desde Guayaquil a Belém explorando, observando y estudiando su biodiversidad, su fauna y los usos y costumbres de sus habitantes.

Como consecuencia de su periplo formaron importantes colecciones zoológicas, botánicas, geológicas, antropológicas y arqueológicas que se custodian en diversas instituciones científicas madrileñas como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Real Jardín Botánico, el Museo Nacional de Antropología , el Museo de América y el archivo de Marcos Jiménez de la Espada en el Archivo del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC.

Además de las contribuciones efectuadas por esas investigaciones al conocimiento de la diversidad de la naturaleza y las culturas americanas, la expedición generó otros importantes resultados artísticos y científicos. Por un lado, el dibujante-fotógrafo Rafael Castro y Ordóñez efectuó un conjunto de fotografías que constituyen una magnífica fuente iconográfica para el conocimiento de las ciudades, los paisajes. Por otra, Jiménez de la Espada transformó su peregrinación científica en una especie de viaje iniciático en el que se forjó su interés por el estudio de las antigüedades americanas y su afán por reconstruir las tradiciones científicas generadas en América. Esa afición por la historia le animó a impulsar una comunidad científica internacional de americanistas que emergió en el último cuarto del siglo XIX.

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