Simurg, Digitized Heritage Works of CSIC

Appoints CSIC Heritage works Collection digitized according to the Digitization Master Plan of CSIC.

The name comes from Persian mythology. Simurg is the name of the immortal bird that according to this mythology nests in the branches of the tree of knowledge.

The Simurg Collection has grown up under a body of theoretical and practical document that has set a uniform policy for the development of digitization projects. This politics has been fixed in CSIC Digitization Master Plan that includes all aspects to consider when managing digital projects: content workflow, resources, planning, organization process, tasks and so on.

Mainly the Simurg collection is built with digitized heritage works in public domain from the CSIC Libraries Network.
Plan topográfico del asiento de Tipoani y sus labores, (1794)

Relación del Viaje hecho a los Reynos del Perú y Chile por los Botánicos y Dibuxantes enviados por el Rey para aquella Expedición extractada de los diarios por el orden que llevó en éstos su autor D. Hipólito Ruiz, [Detalle] (1921)

Minuta de comunicación dirigida al Virrey de España, para que auxilie al Director y demás individuos de la Expedición Botánica de aquel reino, con tres criados negros costeados por cuenta de la ReaI Hacienda

«lndice de las aves remitidas a España» [por D. Félix de Azara]

Estado que manifiesta el en que (sic) sale de este puerto en el día de la fecha la fragata de hélice de S. M. nombrada Nuestra Señora del Triunfo... mandada por el capitán de navío D. Enrique Croquer

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  • Simurg Temático: Los archivos como testimonios de las expediciones científicas a América

    09/06/2021

    «El Rey ha admitido con aprecio la lista de Animales disecados que le ha presentado D. Martin de Sesse, Director de la Expedion Botanica a Nueva España; y es su real voluntad que V. los reciba para que sean colocados en su R. Gabinete de Historia Natural, y sirvan a la instrucción publica, a cuyo efecto le remito con devolución la lista adjunta; de real orden lo participo a V. para su meliojencia y cumplimiento. Dios que a V. m. as. San Yldefonso 9 Agosto de 1806. Pedro Cevallos.»
    Oficio de D. Pedro Cevallos a D. Manuel Castor González remitiéndole la lista de los animales disecados que ha presentado D. Martín de Sesse a S. M., para que se coloquen, de Real Orden, en el Real Gabinete de Historia Natural, perteneciente a la Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803)

    Siglo de las luces. Un siglo de ampliar horizontes y conocimiento para engrandecer el buen nombre de la sabiduría. Esa sabiduría que se desprende del Arte, que descansa en la Literatura, se deja sentir en la Música y, por supuesto, se ennoblece con el arte de la ciencia. Pero, y en este afán de acaparar saberes, ¿cómo no poner los ojos (y los pies) en otras tierras, que nos son lejanas y, a la vez, tan cercanas? ¿Cómo no emular alguna que otra travesía marítima adentrándose en las brumas de lo desconocido para desnudarlo de su misterio y sacarlo a la luz? Eso sí, dejando a un lado los mitos y las leyendas y asiéndonos fuertemente, como corresponde a la nueva era de la razón, a los asideros de la resplandeciente Ciencia.
    Sí. Eso es dar valor y riqueza a la existencia en todos los estratos de la vida: descubrir la naturaleza, pretender arrebatarle su esencia mirándola con ojos modernos —tan modernos como la lente fotográfica de Rafael Castro y Ordóñez, primer fotógrafo en una expedición científica, la de la Comisión del Pacífico, ya en el siglo XIX (1862-1866)—; o desentrañar y estudiar los ritos, los avances o la historia vivida en personas ajenas.
    El siglo de las luces fue el siglo de la inquietud y la congoja intelectual, del «daría todo lo que sé por la mitad de lo que ignoro» cartesiano (René Descartes, 1596-1650)

    Sin embargo, no podemos separar este resurgimiento de la razón, la ciencia y el progreso de un contexto político-colonial en que primó la necesidad de obtener información de primera mano sobre recursos naturales, territorios y sociedades para el objetivo final de mejorar la gestión de las regiones, especialmente, aquellas de ultramar.
    La conjunción de ambos contextos, el meramente territorial y el ilustrado, propició un campo fértil para que política y ciencia se unieran hacia un fin común: el conocimiento. Y en él los gobiernos se sirvieron de la ciencia que, a su vez, se sirvió de los gobiernos para desplegar un progreso ya imparable.

    Podríamos decir que de aquella llama prendida fue de la que nació el interés por crear gabinetes científicos y de curiosidades (al fin y al cabo, toda ciencia surge de la curiosidad) que, además de mostrar el saber, permitían palparlo y hacer cierto alarde de lo que se sabe, de lo que se consigue y, ¡cómo no!, de lo que nos diferencia de los demás.
    Y esos gabinetes, esos predecesores de los museos actuales, necesitaban nutrirse de material que exhibir. Y para ello las expediciones fueron un medio indispensable.

    ¿Y qué deparaba un continente como América conocido pero aún con tantísimos rincones por descubrir?

    Y es que las expediciones a América no fueron las únicas pero, tal vez, sí que todavía mantenían en el siglo XVIII ese regusto a hazaña histórica, aunque ahora se abordara desde mentes preclaras que abanderaban la razón y la observación como insignia para romper con la escolástica tradicional e inamovible. América deparaba la eterna "fascinación por el Nuevo Mundo."

    Sin embargo, en la celebración del Día de los Archivos, desde Simurg queremos otorgarle la importancia que se merece la memoria silenciosa de esos viajes científicos: la documentación archivística.
    Toda investigación se queda en nada si no se cumplimenta con una buena documentación que la registra y atestigua; que marca los hitos por los que se desenvuelve para que estos dejen su impronta en el tiempo. Documentos y más documentos de entre los que se rescatan, por un lado, los momentos más extraordinarios (el descubrimiento de un nuevo espécimen y los avatares para hacerlo llegar a España, por ejemplo) pero, por otro, también las gestiones más cotidianas como el papeleo administrativo, los oficios y las cartas y comunicaciones.
    Documentación que, quizá por su disparidad, no seamos capaces de percibir que se encargaba de edificar los sólidos cimientos de los Archivos de la Historia de la Ciencia, confiándosele la ardua labor de salvaguardarlos del olvido y de la desidia del tiempo, para que desde el futuro podamos asomarnos y seguir aquellos viajes, las más de las veces, exóticos.

    En Simurg, el portal de los fondos digitalizados del CSIC, tenemos la inmensa suerte de contar con una gran muestra de esta documentación relativa a expediciones al continente americano. La consulta online de estos documentos, custodiados por el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, nos permite conocer de primera mano estos interesantísimos hitos históricos.

    Así el fondo del Real Gabinete (1752-1815) o el fondo de Expediciones científicas que abarca los siglos XVIII y XIX, nos adentran en esa realidad de intercambios científicos, investigación y estudio que tan bien quedan reflejados en documentos como estos que compartimos en esta publicación y que son meramente una muestra de su extraordinaria riqueza documental.

    Las expediciones no sólo generaron viajes exitosos (algunos no tanto...), sino también una ingente cantidad de documentación que se alzó como garante de la memoria, testimonio del correr del tiempo y, por supuesto, como inestimable registro de los avances en materia de progreso científico del que se hace imprescindible cuidar su puesta en valor, su difusión y su preservación.

    Laura Donadeo y Alexandra López
    Unidad de Recursos de Información Científica para la Investigación (URICI-CSIC)

    Documentación relativa al REAL GABINETE (1752-1815)

    Documentación relativa a las EXPEDICIONES CIENTÍFICAS

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