La Biblioteca Literaria del Estudiante de la BTNT

23/04/2020

 
En 1922 la Junta para Ampliación de Estudios comenzó a publicar una selección de lecturas para los alumnos del Instituto-Escuela bajo el nombre de Biblioteca Literaria del Estudiante. Con esta colección, la JAE pretendía ofrecer unos textos adecuados, en extensión y calidad literaria a las exigencias del nivel educativo de los estudiantes.

La Biblioteca constaba de 30 volúmenes (no se llegaron a editar todos, algunos fueron publicados después de la guerra) que suponía un recorrido por la literatura española de todas las épocas. La organización se hizo en función de dos criterios: por un lado, el género, ya que se seleccionan fragmentos de obras de teatro, de novelas, poesía e historia; y por el otro, las distintas etapas literarias. Muchos de los libros iban acompañados de una pequeña introducción en la que se acercaba al joven lector a la obra y al autor que tenía delante. Los encargados de escribir estos prólogos eran especialistas que tenían de alguna forma relación con el Instituto-Escuela o con la JAE.

La familia Menéndez Pidal se implicó mucho en el proyecto. Don Ramón era el director de la colección y su mujer, María Goyri, encontró en esta colección una nueva forma de acercar la literatura a los bachilleres. Además de doña María, también sus hijos, Jimena y Gonzalo, se encargaron de la edición de algunos de los ejemplares. Otros colaboradores fueron Américo Castro, Samuel Gili Gaya, Dantín Cereceda, Lomba y Pedrajas, Martínez Torner, entre otros.

La extensión de los ejemplares variaba entre las 150 y las 350 páginas, y su precio podía oscilar entre las dos y las cuatro pesetas, según el número de páginas. Cada uno de los libros llevaba ilustraciones hechas por Fernando Marco.

La Biblioteca Literaria del Estudiante comienza con tres ejemplares dedicados a la cultura tradicional, en los que se recogen fábulas, cuentos tradicionales y cancioneros. A continuación, se publican los que tratan la literatura contemporánea, de ellos, uno recopila fragmentos de prosistas, otro poesía, y otro teatro, además de uno del gran novelista del momento, Benito Pérez Galdós. De los siglos XVIII y XIX, uno de los tomos está consagrado al teatro romántico y el otro a los autores del dieciocho. En los Siglos de Oro se da gran importancia al teatro, con cuatro tomos: Calderón, Ruiz de Alarcón, Tirso de Molina y Lope de Vega.

En los volúmenes destinados a la historia se recopilaron textos de los historiadores de los siglos XVI y XVII, así como de los exploradores y conquistadores de Indias, de tal forma que también se ofrecían textos de autores americanos. En la novela no podía faltar Cervantes, al que se le dedican dos libros, uno para El Quijote y otro para sus novelas y obras de teatro. Dentro de la novelística se ofrece una selección de fragmentos de novelas picarescas y otra de cuentos de los siglos XVI y XVII. También hay un volumen que recoge una antología de poetas áureos.

El último bloque está destinado a la Edad Media y comprende cinco ejemplares que compendian fragmentos del Romancero, de la obra de don Juan Manuel, de Alfonso X el Sabio, y de los Cantares de gesta y leyendas heroicas.

Esta colección supuso una renovación pedagógica en el ámbito de la lengua y literatura. Con ella se pretendía educar el gusto y desarrollar los sentimientos artísticos de los estudiantes, así como ayudarles a conseguir hábitos de expresión oral y escrita de su pensamiento, al tiempo que les proporcionaba un conocimiento de primera mano de las obras más representativas de literatura hispánica.

Mario Pedrazuela Fuentes



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