Simurg temático: Los incunables y el Liber Chronicarum

14/05/2020

 
“Incunable” procede de la palabra latina incunabula que significa, en su acepción más antigua, "pañales" o "cuna." Con incunable se conoce a aquellos libros impresos desde los primeros tiempos de la imprenta y hasta 1501, momento que se ha marcado convencionalmente como el final de este período debido a que las creaciones comienzan a desligarse (por tipografía y estilo) de la tradición manuscrita.

No debemos olvidar que el impresor se trataba de un artista creativo. Este hecho, sumado a que en las primeras ediciones impresas se buscaba la imitación, al detalle, de las obras manuscritas, dieron con libros que eran verdaderas obras de arte, existiendo muy poca diferencia formal entre los últimos manuscritos y los primeros impresos -como, por ejemplo, los huecos para letras capitulares- salvo, claro está, la introducción de la mecanización del proceso.

En términos generales podemos hablar de unas características comunes en los incunables que, como decíamos, intentan simular obras manuscritas. Entre estas características se encuentra:

  1. Uso de un papel generalmente irregular y grueso con tonalidades amarillentas o grisáceas.

  2. Comenzaron siendo libros de gran formato con encuadernación en pergamino o madera forrada de piel o pergamino con cierres de metal o cuero para evitar la deformación

  3. Presencia de Incipit y Explicit que marcaban el inicio y el final de la obra

  4. Ausencia de portada y, en los comienzos, sin foliación o paginación. Por el contrario, aparece el colofón, al final, con título, nombre del autor, impresor, fecha...

  5. Raro uso de los signos de puntuación o de forma parcial. Uso del símbolo de marcación de párrafos o calderón. Gran uso de abreviaturas para asemejarse lo más posible a los manuscritos

  6. Casi exclusivamente uso de caracteres góticos

  7. Márgenes amplios y texto, principalmente, en columnas

  8. Uso de tabulae o registros con listados de las primeras palabras o letras de cada uno de los cuadernillos que integran la obra

  9. A veces, también al final, se encuentran las marcas del impresor (letras, signos o símbolos)


Más allá de su características formales, es indudable que los incunables son obras de una gran belleza artística y un valioso ejemplo de la historia del libro y sus avatares. En Simurg se encuentra el llamado Liber Chronicarum, conocido también, como Crónicas de Núremberg, editado en 1493.

Se denomina "Crónica" a un género de la época de gran difusión y gusto que se basaba en la "narración histórica en que se sigue el orden consecutivo de los acontecimientos" (RAE, 2019). Así, en el Liber se lleva a cabo la narración de la Historia Universal desde la Creación y hasta el “Fin del mundo”, mostrando, por tanto, la Cosmografía de la época en la que se entremezcla la historia de la iglesia y la historia laica con la antigüedad clásica, la astronomía, los mitos y las leyendas.

Se trata de una versión deudora del enfoque bíblico que sigue el Génesis y el esquema propuesto por Isidoro de Sevilla, y las pautas geográficas de Ptolomeo; y se encuentra dividido en 7 partes o Edades:

  1. Desde la Creación al Diluvio Universal

  2. De Noé hasta el nacimiento de Abraham

  3. De Abraham al reinado de David

  4. De David al destierro a Babilonia

  5. Del nacimiento de Cristo hasta la época actual (1490)

  6. Fin del mundo y Juicio Final

Este incunable, publicado por Hartmann Schedel, físico y humanista de Núremberg, es importante por su rareza y por su hermosa edición con más de 1.000 xilografías a partir de 645 bloques realizadas por Michael Wolgemut y Wilhelm Pleydenwurff, quien fue maestro de Durero. Sin embargo, su valor no reside únicamente en lo artístico, ya que también las vistas de algunas ciudades que decoran su interior presentan interés topográfico.

De la obra se realizaron dos versiones, una latina y otra alemana, alcanzando alrededor de 2.000 copias, confeccionándose ediciones “rústicas” junto con otras más sofisticadas.

Conocido como "el incunable de los incunables", se encuentra en la Biblioteca Tomás Navarro Tomás y es, sin duda alguna, un magnífico legado de la evolución técnica y artística de los comienzos de la imprenta.

Alexandra López


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